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50 años Orando por las vocaciones

Las Vocaciones: signo de Esperanza, fundada sobre la fe

Mons. Rafael Cob, obispo del Puyo

 

Los años pasan formando siglos, el Espíritu pervive en  el tiempo, hoy celebramos medio siglo de trabajo programado y coordinado desde una pastoral eclesial, 50 años de apoyo y  oración mundial  en favor de las vocaciones sacerdotales y consagradas , desde que el siervo de Dios Pablo VI en el Concilio Vat II, instituyera esta jornada mundial por las vocaciones.

“Él decía que del número suficiente de sacerdotes depende el futuro religioso de la sociedad cristiana y porque este problema, es el índice justo e inexorable de la vitalidad de fe y amor de cada comunidad parroquial y diocesana, y testimonio de la salud moral de las familias cristianas”(11-4-1964)

Nos encontramos en un nuevo siglo, siglo XXI, con una realidad muy distinta de la de entonces, estamos  en una nueva época, tan revolucionaria  como la de la mente de aquel concilio, que sacudió a la Iglesia de entonces para despertarla del letargo y dar respuesta a los nuevos desafíos que venían al mundo en que hoy nos encontramos.

Ciertamente que las estadísticas nos dan una gráfica muy desigual, si  medimos por la cantidad de vocaciones consagradas que tenemos  estamos en recesión, entrando en arenas movedizas , en los lugares donde  florecieron vocaciones  como en bella primavera, hoy parecieran  paramos o desiertos, mientras que en aquellos lugares lejanos de donde comenzó el evangelio, en contraste de culturas, donde la semilla del evangelio  ha empezado a echar raíces como en  la India, surge la esperanza de una nueva floración.

No podemos dudar que las palabras del Papa, son hoy para nosotros muy válidas y cuestionantes, pues ciertamente la vitalidad de la fe y el amor  de una Iglesia  se mide   por cantidad y calidad de las vocaciones consagradas, igualmente tenemos que decir  también , que de las familias solidas y bien arraigadas en la fe y el amor cristiano, podrán ser los semilleros donde surjan las vocaciones sacerdotales y consagradas.

Hemos de admitir que hay crisis de vocaciones, pero hemos de afirmar que la raíz de las crisis de vocaciones está en la crisis  de la familia, en la en crisis de los valores de nuestra sociedad.  si por crisis entendemos  falta de decisión, de claridad y confianza , de bases seguras en donde apoyarse, de referentes seguros que seguir. Hay mucha  desorientación para nuestros jóvenes,  ante mucha oferta engañosa y atractiva ,mucho canto de sirena que seduce pero que no llena la vida más bien la vacía de ideales, llevándola al vacío ,la insatisfacción y el fracaso.

Pero nosotros apostamos por un futuro desde la fe  apostando por la esperanza, las vocaciones son la esperanza de nuestra Iglesia , así nos lo recuerda el mensaje de esta cincuentenaria jornada vocacional de este año de la fe. Hay que mirar la Historia de salvación del pueblo de Dios para aprender. En los momentos de mayor dificultad del pueblo de Dios, los profetas  invitan a creer en las promesas de Dios, hacer memoria de la fe de Abrahán que creyó contra toda esperanza, y ¿ por qué tenemos que esperar? Porque Dios es fiel a su alianza, a pesar de nuestras infidelidades, su fidelidad  ha sido la fuerza motriz de la historia salvífica, el amor de Dios que nunca ha dejado de amarnos.

Por eso tenemos  que poner nuestra esperanza en El, confiar en Dios que es fiel siempre, fe y esperanza están estrechamente unidas, y por ello S. Pedro, nos invita a dar razón de nuestra esperanza (IPd.3,15)n

El Papa Benedicto nos ilumina con su mensaje:

“¿En que consiste la  fidelidad de Dios y por que se puede confiar en El? En su amor, y este amor lo ha manifestado en Jesucristo que interpela y pide una respuesta  sobre aquello que cada uno quiere hacer de su propia vida. El amor de Dios  sigue caminos impensables, pero alcanza siempre  aquellos que se dejan encontrar. Su amor exigente, profundo, que va mas allá de lo superficial, nos alienta ,nos hace esperar en el camino de la vida y el futuro. jóvenes ¿qué sería de vuestra vida sin este amor?

También hoy Jesús resucitado nos llama, nos convoca y toda vocación exige amor, nos llama a caminar con él, realizar nuestra vida con

Él, el único amor capaz de apagar nuestra sed de esperanza, te dice Ven Y sígueme, y seguirle supone, darle el primer lugar frente a todo lo que forma parte de nuestra vida, familia, trabajo, intereses personales, nosotros mismos, tener profunda intimidad con él. Las vocaciones sacerdotales  nacen de la experiencia personal con  Cristo, del dialogo sincero y confiado con él.

Es necesario que  escuches su voz en tu interior, viviendo en comunión en  su Iglesia, con un generoso testimonio de fe y una pasión misionera que te lleva a salir de ti mismo, y darte a los demás anunciándoles el Reino de Dios, alimentándolo todo, con los sacramentos y la oración  constante y profunda, que hace crecer la fe y la esperanza.

Joven repitiendo las palabras del Papa que encontréis sacerdotes celosos que os sepan acompañar y a reconocer a Cristo camino verdad y vida   en el camino a veces oscuro de la vida..

Joven en medio de tantas propuestas superficiales y efímeras sepas cultivar la atracción por los valores  de altas metas, de opciones radicales para un servicio a los demás siguiendo a Jesús.

Joven no tengas miedo de seguir a Jesús  con intrepidez los exigentes senderos de la caridad  y del compromiso generoso. Así seréis feliz testigos de aquel gozo que el mundo  no puede dar, seréis llamas vivas de un amor infinito y eterno y aprenderéis  a dar razón de vuestra esperanza.(I.P.3,15”

R.C

 

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