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HISTORIA DE LA IGLESIA DE AGUARICO

50 AÑOS – UNA HISTORIA DE FE Y DE AMOR

 

Son ya 58 los años pasados desde aquel 16 de noviembre de 1953 cuando Pío XII erigía esta nueva circunscripción eclesiástica, la Prefectura Apostólica de Aguarico, desmembrada del Vicariato Apostólico de Napo, y que contiene el nombre de Aguarico porque sus límites serían los mismos que los del Cantón Aguarico de aquel entonces. Al frente de la misma nombraba el Papa a Mons. Miguel Gamboa porque así “se podrá mirar de un modo mejor y más apropiado por las necesidades de la nación ecuatoriana y proveer más abundantemente al incremento de la fe católica”... Hoy el Obispo que desde 1990 preside esta Iglesia es Mons. Jesús Esteban Sádaba, nombrado por el Papa Juan Pablo II.

Una evolución vertiginosa

Se calculaban como 2.650 los habitantes censados en 1955 en el Cantón. De ellos tan solo 80 no eran indígenas. En 1968 la Escuela de Sociología de Quito de la Universidad Central en un estudio constataba la existencia de 3.982 habitantes y 783 blancos/mestizos. Y ocurría en 1969 la creación del Cantón Orellana, como desmembración del de Aguarico y en 1984 el del Cantón Shushufindi y en 1992 el del Cantón La Joya de los Sachas, desmembrados del Cantón Orellana... Y en 1989 se crea la Provincia Sucumbíos, desmembrada de la Provincia de Napo, y en 1998 ocurre otro tanto al crearse la Provincia Orellana, desmembrada de la Provincia de Napo.

¿Qué ha ocurrido? Que descubierto petróleo en esta zona nororiental del País, la Nación vuelve los ojos hacia esta región nororiental, se inicia la exploración y explotación petrolera a finales de la década de los 60 y comienza un proceso de colonización de la selva, como terrenos baldíos, terrenos de nadie, e impulsado por la política gubernamental. Una migración interna intensa y descontrolada va llegando a todos los rincones de la región en la década de los años 70 y 80. Y la selva queda ocupada por la explotación petrolera y campesina. La deforestación es imparable y la contaminación ambiental igualmente. Al llegar al año 2.000 aquellos 2.600 habitantes del Cantón Aguarico se convirtieron en el mismo lugar en más de 100.000 habitantes.

Cómo iban a pensar aquel puñado de habitantes a lo largo de la ribera del río Napo y Aguarico, y sujetos a un patrón, que no conocieron la escuela, que no sabían leer ni escribir, que los misioneros traerían escuelas, que sus hijos tendrían maestros, que se podía acudir además de al propio Shaman al médico de la Misión, y que poco a poco, como sin notarse pero imparablemente iban a estar cercados por colonos. Cómo se iban a imaginar que sus tierras escondían la mayor riqueza de la Nación y que era necesario a como diera lugar el extraerla aunque se contaminan los ríos… Cómo iban a pensar que en sus casas iban a escuchar con la radio las voces y la música de otros pueblos, de otros mundos y que ellos mismos podían enviar mensajes a sus familiares de lejos… y que un día en sus propias casas con la Televisión verían cosas inimaginables… y que la casa comunal quedaba iluminada con un panel de energía solar, y que desde una computadora en la propia comuna tenían el mundo sobre la mesa… La última generación ha venido a estas tierras y ha crecido en ellas viendo y sintiendo, con sensaciones muy distintas a las que tuvieron su generación anterior.

E igualmente una Iglesia en transformación

Aquí hace 58 años nacía y comenzaba a crecer la Iglesia de Aguarico. Aquí, en este rincón del mundo ha estado la Iglesia de Aguarico, fiel a la población, acompañando la vida de sus gentes y caminando juntos. También para ella la vida ha corrido vertiginosamente. Llegaron los primeros misioneros el año 1954, cuando nadie pensaba en el futuro Concilio Ecuménico Vaticano II. Pero desde Coca salieron para Roma a participar en el Concilio los Prefectos Apostólicos, Mons. Miguel Gamboa y Mons. Alejandro Labaka, cada uno a su tiempo. Y fue en Roma desde donde Mons. Alejandro Labaka escribió al Papa Pablo VI la famosa carta donde le consultaba “hasta que punto podía exponer la propia vida y la de los misioneros, también la de los seglares, para contactar con los Huaorani”.

Esta Iglesia asumió rápidamente y se hizo con el espíritu Conciliar participando más tarde en la preparación y asumiendo las orientaciones de las Conferencias del Episcopado Latinoamericano primero en Medellín, después en Puebla, las reuniones específicas de pastoral misionera en Melgar, Caracas, Xicotepec, Iquitos, y finalmente los documentos de la Conferencia Latinoamérica en Santo Domingo y hoy de Aparecida (Brasil). En la Misión se leían y estudiaban las grandes aportaciones los grandes autores de la teología de la liberación, sin olvidar a los obispos Proaño, Helder Cámara, y en su seno se formaron también Comunidades Eclesiales de Base.

Los misioneros de esta Iglesia se reunían año tras año para compartir los hechos sociales, los documentos eclesiales, la situación real de las comunidades, las líneas de acción a tomar. Y siempre la Iglesia ha querido estar presente, acompañar los problemas de la gente y caminar con ella.

Desde el río Napo esta Iglesia ha sido testigo por otra parte de todo lo que ha pasado en su entorno, desde Cuba hasta Argentina pasando por Nicaragua, Santo Domingo, Colombia, Ecuador, Perú, Brasil, Chile, Paraguay. Ha visto implantase y caer regímenes militares, y gozado con la población con la vuelta de los regímenes democráticos. También es testigo en la última década de la corrupción de nuestros regímenes democráticos, que como un cáncer va contaminado toda la red de las instituciones que nos gobiernan. Esta Iglesia contempla entristecida e impotente el empobrecimiento progresivo a pesar de la riqueza en la que está rodeada y ve marchar a la emigración a su gente.

De 2.600 a 137.000 habitantes. Caminando juntos

Esta Iglesia guarda memoria de estos 58 años, de lo que ha ocurrido cuando se era un puñado de familias en la ribera del Napo y Aguarico, cuando se sufría la dependencia total con los patronos blancos, cuando se construyeron las primeras pistas de avioneta en Roca fuerte y Coca, cuando se abrieron escuelas y más escuelas de la misión y las primeras tiendas con precios sin lucro, cuando se fundó la primera cooperativa de producción indígena en Puerto Quinche; de cuando hizo presencia en Coca y comenzó a construirse la carretera Coca-Quito, y los trabajos de exploración y explotación petrolera comenzaron a ser realidad y cuando iban llegando los primeros colonos a ocupar tierras.

Aquella historia sobrecogió a todos, y a los misioneros los primeros, cuando comenzaron a llegar los primeros emigrantes en busca de tierra, que había en cantidad. Y se fue ocupando palmo a palmo. Si se ocupaba la primera línea, los siguientes ocuparían la segunda y después la tercera, así sucesivamente. Si la Compañía iniciaba trabajos de apertura de caminos para abrir un pozo, ya habían llegado allá nueva gente y los más nuevos se colocaban detrás. Aquello era interminable. Y así se ocupó todo. Aquella primera generación fue una generación de heroicos trabajadores. Comenzaron por tirar y tirar la selva para sustituirla por el arbolito de café o para hacer potreros. Se quería hacer la selva productiva al estilo de los cultivos en la sierra. Nadie enseñó a trabajar en la selva como la selva debe ser manejada y tratada. Fue un error grave. Llegó también la agroindustria y se plantaron miles y miles de hectáreas de palma africana como monocultivo y después de 20 años como si la selva se vengase y la Palma no ha podido con la enfermedad. Hubo sueños de convertir la zona en un palmeral para aceites.

Y ahí ha estado esta Iglesia, acompañando, caminando juntos.

Como podían, normalmente a caballo, los misioneros entraron a todos los recintos, a todas las comunidades, a encontrarse con los colonos, a celebrar la eucaristía, a revisar la vida y los problemas.

Esta memoria ha quedado guardada en esa colección grande de libros que esta Iglesia a través de CICAME ha ido publicando a través de los años. Mencionamos dos para su historia: Lázaro Iriarte, Aguarico y Miguel Ángel Cabodevilla, la misión que nos convoca – capuchinos en la amazonia ecuatoriana (1954-1992).

Las grandes preocupaciones de esta Iglesia

Quisiéramos concentrar en unos pocos puntos las líneas de trabajo que esta Iglesia ha tenido en esta rica historia de 50 años. A pesar de la dificultad lo intentamos, sabiendo que muchas cosas quedarán sin mencionar.

Una historia de fe

Es lo primero que deseo anotar y destacar. Detrás de cada misionero hay una historia de fe, de amor al hombre y a esta tierra. Se viene acá por fe y amor.

Lo petrolero en la región participa de una historia diferente. Detrás hay una ilusión de crecimiento económico y enriquecimiento empresarial, bien por parte de la empresa privada o bien por parte de la empresa nacional. Siempre se ha tratado de una explotación y enriquecimiento a lo que dé lugar, sin tener en cuenta quienes vive de vecinos, qué necesidades tendrán y sin cuidar especial por la contaminación del medio ambiente. Y, claro, ya se sabe, la vida por el dinero deshumaniza y condiciona la visión de la realidad humana y social circundante.

La llegada del colono a la zona participa de una historia diferente. Es un hombre pobre, su amor a la familia, de buscar de un medio de vida y de progreso le trae aquí. Es un migrante en su tierra. Por otra parte es una historia vivida en la soledad de la selva, como abandonado a su propia suerte. Le ha faltado el acompañamiento necesario en un programa gubernamental serio de colonización. Por años el colono se quedó en el olvido, él, su familia y sus necesidades. Las ha tenido que ir conquistando.

Aquí se inserta la vida de los misioneros, de esta vivencia de fe y amor hacia la gente que aquí vive y que aquí va llegando. Y aquí va gastando también su vida. Los misioneros no tienen un plan de trabajo preconcebido. El análisis de la realidad les provoca qué hacer. Sueña con el indígena y con el colono en una vida mejor para ellos y sus hijos, y comparten esos sueños. Desarrollo, crecimiento, bienestar para todos es como una utopía siempre nueva.

Esta historia de fe y amor no se acaba nunca. Aquellos primeros misioneros de los años 50 fueron misioneros de por vida. Algunos vinieron a estas tierras al ser expulsados de China, donde habían estado. Entre ellos tenemos a Alejandro Labaka, futuro 1er Obispo de esta Iglesia, que murió junto con la Hna. Inés Arango, terciaria capuchina, lanceados por los Tagaeri, en el primer intento de llegar a ellos porque los amaban.

Y deseamos recordar también a Fray Mariano de Ázqueta, el hermano carpintero, que transportando materiales a Pompeya para la construcción del Centro de Salud, moría ahogado en el Napo, y que soltó la mano del niño que le estaba salvando para no tuviera que morir también él.

Esta Iglesia de Aguarico ya ha estado en estos últimos años por dos ocasiones en Asamblea General, a la que el 30% asisten misioneros y el 70% laicos comprometidos. La Iglesia de Aguarico de la que estamos hablando no es la Iglesia de los misioneros, es la Iglesia de la Comunidades Cristianas, y como decimos, es la Iglesia de todos, Todos somos Iglesia de Aguarico. Todos formamos la Iglesia de Aguarico.

Dejemos constancia, pues, de algunos de los compromisos y preocupaciones tenidos por esta Iglesia a lo largo de su historia. En el futuro, y por las mismas razones de fe y amor, se dejarán constancia de otros compromisos y preocupaciones.

Por la autosuficiencia indígena

Los primeros misioneros se lo jugaron todo. Encontraron a la familia indígena en dependencia absoluta de algún patrón y en deuda con él. Se compró hacienda indios y deudas y los indios pagaron sus deudas y comenzaron a trabajar a sueldo. Dura fue aquella oposición del patrón. Se abrieron tiendas a precios justos. Muchos cambios se consiguieron con aquellas acciones de la Misión.

Comienzan a abrirse las escuelas de la Misión, poco a poco en todas las comunidades se tiene su escuelita. Con el tiempo se podrá decir que en la zona no hay analfabetismo, porque los niños están escolarizados y van a la escuela. Años más tardes se inicia un proceso de exigir la escuela bilingüe, donde el niño aprenda en su propia lengua, la lengua materna, el quichua, la matemática, las ciencias.

El contexto era propicio y se inicia también en nuestra ribera la organización de las comunas con la UNAE (unión de nativos amazónicos) y después con la FCUNAE, ya como Federación de comunas. Los viejos runas conocen muy bien el acompañamiento y el trabajo de los padres para que los runas estuvieran bien organizados y representados también a nivel nacional.

Hoy la Fcunae con sus asambleas es el lugar donde se discuten los problemas de la comunidad runa, de las comunidades; es el lugar donde se planifican las acciones a realizar; es el lugar donde se define políticamente el rumbo a tomar.

Y nace CICAME como proyecto ambicioso, el Centro de Investigaciones de la Amazonia Ecuatoriana, con sede en la isla de Pompeya. La ambición es grande, recuperar y rescatar la cultura indígena. Es tarea conjunta, del pueblo indígena y de los misioneros. Y los resultados ahí están, un montón de publicaciones de CICAME y un Museo que guarda el patrimonio runa de los siglos pasados. Esperamos que el Gobierno reconozca estos trabajos y financie la conservación de este patrimonio y su estudio posterior. En Coca está proyectado construir un centro cultural CICAME.

El tema salud, cuidado especialmente por la Misión con el Hospital de Nuevo Rocafuerte y el Dispensario de Pompeya, adquiere nuevas dimensiones cuando en 1990-92 se inician proyectos de hacer salud y cuidados de salud desde las propias comunidades indígenas. Es así como nace Sandi Yura, la Asociación de los Promotores de Salud que durante 5 años se han ido formando en un proyecto de la Misión. Al adquirir personería jurídica adquieren independencia total y son ellos ahora los gestores de las acciones de salud a favor de sus comunidades.

Ya en pleno siglo XXI, con Compañías petroleras en las comunidades, se siente la necesidad de comercialización y nace el proyecto de comercialización con la esperanza de que la familia indígena no se quede atrás, no se contente con su modo tradicional de vida, entre en los ritmos productivos de la vida moderna, coseche su propio trabajo y llegue a tener su propia empresa de comercialización de los productos que produce.

Todo lleva el título de autosuficiencia indígena. Es lo que deseamos destacar, el que cada pueblo pueda ser constructor y gerente de su propio desarrollo y de su propio futuro. Y la Iglesia de Aguarico mira con satisfacción el que las comunidades indígenas vayan consiguiendo esa autosuficiencia. Y esto se refleja en la Iglesia, en el deseo de una iglesia indígena.

Por una Iglesia indígena

Con la misma ilusión con que deseamos el crecimiento del pueblo indígena, igualmente deseamos su crecimiento “autónomo” en su fe cristiana. Es el pueblo creyente runa el que tiene que inculturizar su fe cristiana en sus moldes culturales propios. Y por eso hablamos de Iglesia Indígena, no como si hubiera dos Iglesias en la región, sino como el hecho connatural de la fe cristiana del pueblo runa que no debe tener los mismos moldes de expresión que ha tenido el pueblo mestizo.

Por eso los programas de formación de catequistas, líderes comunitarios son distintos a los que se tienen, por decirlo así, “en la Iglesia colona”.

Los indígenas tienen su propia escuela de formación en la fe, el CEFIR llamamos (Centro de formación Intevicarial Runa), y decimos intervicarial porque nos hemos unidos a los Iglesias Vecinas para formar esta escuela de formación de líderes cristianos indígenas. Reflejo de ello es que en cada comunidad indígena el catequista, el servidor de la palabra, convoca, y mantiene viva la fe de la comunidad, en las reuniones comunitarias. Y a nivel de la Iglesia de Aguarico los indígenas tienen cada dos años su Asamblea Indígena, como Iglesia.

Por las minorías étnicas

La Iglesia de Aguarico es la Iglesia donde mayor número de etnias existen. Junto con los indígenas quichuas, nos encontramos en el río Aguarico con los Sionas, Secoyas, Cofanes y Tetetes, y sin olvidar a los Huaorani, tan presentes hoy en la prensa nacional...Hoy ya no podemos contar con los Tetetes en territorio nacional. Esta Iglesia ha tenido una sensibilidad especial por los grupos minoritarios. En 1959 se instalaban dos religiosos en la bocana del Cuyabeno, afluente del Aguarico. Construían un recinto que hacía de escuelita de niños por la mañana, de adultos por las tardes, y los domingos para la celebración de la eucaristía. Y desde ahí podían visitar las comunidades, sionas y secoyas.

Por los Huaorani se tuvo una dedicación especial. La margen derecha del río Napo, aguas abajo del Coca, era su territorio. Recibían el nombre de Aucas por su estado –así se decía- de salvajes. No había ninguna relación con ellos. Vivían desnudos. Un pueblo oculto, escondido de los caucheros y más recientemente (1936-1949) de la Shell en sus exploraciones petroleras. Viviendo en Coca los misioneros han sentido cerca su presencia. De 1958 a 1964 se tienen registrados los momentos en que hubo muertos por encuentros tenidos con los Aucas.

De distintos modos se intentó contactar con ellos. Mons. Gamboa entró en 1964 por el río Tiputini acompañado de 2 hermanas lauritas, un blanco y 8 indigenas. Lo mismo haría Mons. Labaka un año más tarde por el río Indillama. Siempre sin resultado alguno. Después de este viaje infructuoso Monseñor Labaka viaja a Roma a la etapa final del Concilio. Allí consulta por escrito al Santo Padre si es posible arriesgar la propia vida y la de los misioneros y aun seglares por contactar con los Aucas. También le consulta sobre la posible colaboración con los evangélicos a favor de los Aucas. Mons. Labaka consigue el financiamiento de una avioneta y en el año 1966 se harán 13 vuelos sobre territorio auca.

Tuvo que ser en la época petrolera en que se tuvo la oportunidad de contactar y llegar donde los amigos Huaoranis. En vísperas de Navidad de 1976 Alejandro fue llevado en helicóptero al bohío Huaorani y dejado allá solo. Fue recibido con curiosidad y respeto. A dormir se lo llevó a su casa el matrimonio Iigua-Pava. Allí, en el correr de la noche, Alejandro acercándose tanto a la hamaca del jefe de familia como a la de la mamá de la casa se ofreció a ser uno más de la familia. Aquellos gestos fueron comprendidos perfectamente, fue adoptado como miembro de la familia, convirtiendo a Alejandro en un hijo de Inicua y de Pava. Hasta el final de su vida Alejandro llamó su padre a Inicua y su madre a Pava. Al amanecer el resto de la comunidad recibió noticia de lo que había pasado la noche anterior. Alejandro se convierte en un miembro más el clan huao. Y su vida será una vida incansable por representar y defender los derechos territoriales de los Huaorani.

11 años más tarde, en 1987, se presentó a Alejandro una situación parecida con el grupo Tagaeri, todavía sin contactar. El 21 de julio de ese año marchó donde ellos con la Hermana Inés Arango, conscientes de lo que hacía, seguros de alguna manera de sí mismos, pues ambos misioneros conocían ya la lengua Huao. De nada sirvió su buena voluntad. Allí encontraron la muerte. 7 meses antes desde una canoa petrolera se había matado al Taga, el jefe del clan. La venganza era correcta. Pero nadie quitará a Alejandro e Inés el amor que les tenían y el amor con fueron a su encuentro.

La preocupación por las minorías étnicas se ha convertido en nuestra Iglesia de Aguarico en una herencia recibida de nuestros misioneros mayores a la que hay que responder. Hoy, el padre Juan Carlos y la Hna. Cristina visitarán con frecuencia las comunidades huaos y Juan Carlos seguirá visitando también a los sionas y secoyas como lo hizo con anterioridad nuestro hermano Alejandro. Juan Carlos sin haber convivido en la Misión con Alejandro le ha tocado tomar su testigo en nombre de esta Iglesia.

Educación

Es conocida la labor educativa de la Iglesia. No había de ser menos en esta Iglesia desde sus comienzos. Informaba Mons. Gamboa el año 1956: “Nuestra más esmerada solicitud ha sido para los niños y niñas del internado, convencidos de que la educación es la única labor efectiva para el porvenir…” Y en el estudio que hace la Universidad Central se dice de la misión capuchina “que ha logrado a cabalidad la democratización de la enseñanza primaria, inclusive dando énfasis a la del indígena, por constituir la mayoría demográfica del sector”. En total se tienen en ese momento dependientes de la Iglesia 23 escuelas y un millar de alumnos dentro de una población de 4.000 habitantes.

En Coca se crea una escuela de agricultura dependiente del Ministerio de Agricultura, es la primera en la Amazonia, que se transforma después en un Colegio Técnico Agropecuario.

La situación cambia con la apertura de la zona a la explotación petrolera y a la colonización. La Iglesia de Aguarico cambia también de actitud y deja de querer solucionar por ella misma el problema escolar. Ante una inmigración masiva se considera que es el Estado el que tiene que hacer frente a los problemas que se echan encima, como son el responder a las necesidades de las familias en los dos puntos fundamentales, como son el cuidado de la salud y la oportunidad de la formación en la escuela. La infraestructura sanitaria y la infraestructura educacional son asuntos que el Estado debe de asumir totalmente. La Iglesia no crea nuevas escuelas ni colegios y lo que tiene lo va entregando al Estado.

Una nueva tarea asumen los misioneros en nombre de la Iglesia. Las nuevas comunidades de colonos que se van formando necesitan lo primero de una escuela. La Iglesia considerará como una obligación suya en las reuniones con la comunidad por razón de celebración de eucaristía o de sacramentos animar a los padres a formar los correspondientes comités pro-escuela para que hagan todos los esfuerzos necesarios hasta conseguir la creación de la escuela y la llegada del o de la correspondiente maestra. No se permite que una comunidad quiera construir una capilla sin antes haber construido la escuela.

Salud

Educación y salud andan juntas por ser necesidades primarias en toda familia. Es también conocido por la historia no solamente el compromiso de la Iglesia en educación sino también en salud. Y así ocurrió también aquí. Apenas instalados en Nuevo Rocafuerte se abrió un Dispensario, que a partir de 1970 fue dirigido como Hospital Franklin Tello por el padre Dr. Manuel Amunárriz. En Coca se abrió en 1958, inmediatamente después de la Fundación, un dispensario, que en 1964 se convertía en Hospital hasta el año 1977 en que el Estado abrió el hospital de Coca. En 1960 se abría un dispensario-hospital en Pompeya, como se hizo en Puerto Quinche el año 1962. 

Con la llegada de los colonos y la ocupación de la selva la Iglesia abrió diferentes Dispensarios de salud como el del Eno, San Pedro de los Cofanes, La Joya de los Sachas, Shushufindi y Km. 30 de la Vía Auca. También se pensaba que es función del Estado asumir la responsabilidad de implementar una infraestructura eficaz de atención en salud, y que todavía no la tiene. Es por eso por lo que se multiplican los consultorios médicos privados y la venta de medicina en farmacias.

A partir del año 1992 la Iglesia de Aguarico tuvo la oportunidad de emprender un programa – proyecto de salud para la asistencia sanitaria de la población más distante de los centros poblados. El programa fue hecho para las comunidades indígenas de las riberas de los ríos y para las comunidades campesinas distantes. Se formaron promotores en salud, se construyeron botiquines comunitarios, se creó un fondo de medicinas. Y el proyecto como una realidad continúa después de 14 años de existencia. Se confío en la capacidad de la gente para aprender y para gestionar. Y se creó un sistema que puede ser implementado en el país. Hoy el proyecto vive entre los indígenas como Asociación de Promotores de Salud Runas (Sandi Yura, en quichua), y Fundación Amazónica entre los colonos.

Las organizaciones populares

La historia de esta Iglesia es una historia de fe y de amor a la gente. Era el primer punto que hemos querido poner de relieve. La Iglesia nace de la fe y del amor. También aquí. Los intereses, las necesidades de la gente, se convierten en intereses y necesidades para la Iglesia local. Y así la Iglesia optó por ayudar a crecer en organización propia al indígena y al campesino, que pudiera con sus propias fuerzas, con sus propios medios de enfrentar la realidad y las necesidades.

Anteriormente hemos indicado la presencia de la Iglesia en el nacimiento así de la UNAE como de la FCUNAE, el impulso dado a la educación bilingüe, y el proyecto de enfrentar los problemas de salud con las propias fuerzas dando nacimiento a Sandi Yura. Y hoy, lo hemos indicado, se está en el trabajo de impulsar una organización de comercialización de los propios productos indígenas.

La Iglesia no trabaja para sí misma, su objetivo no es ella en cuanto tal, sino el hombre, el bien del hombre, su propio crecimiento, el conseguir ser dueño de su propio proyecto futuro. Se alegra la Iglesia cuando el hombre es capaz de desear lo mejor para el otro, de vivir para el bien del otro, como los vemos en la fe que llevamos dentro.

Y con los colonos ha pasado prácticamente lo mismo. Nadie conoce la cantidad de reuniones tenidas a lo largo de los años en las comunidades revisando la vida de la comunidad, sus necesidades, sus problemas. Nadie sabe los impulsos dados por el misionero o la misionera para que en la comunidad se formasen comisiones, comités para enfrentar los problemas.

Por todas partes se hicieron comités pro escuela, comités pro capilla, comités pro camino, comité pro botiquín, comité pro mejoras.

Los campesinos también han visto a la Iglesia organizando cursos de formación técnica para el campesino, para la mejora de sus cultivos. Y ha visto a la Iglesia cuando sus organizaciones campesinas se formaban, Focao, Ucash, y otras.

Y con los campesinos se organizaron las tiendas comunitarias cuando el sismo nos cerró el camino de entrada y salida al Oriente.

Al mirar el pasado uno recuerda con cariño la historia tenida por nuestras comunidades, los trabajos realizados comunitariamente, los compromisos adquiridos. Pero uno también se alegra porque la Iglesia estaba ahí, acompañaba, se caminaba juntos.

Llegaron también momentos en que las necesidades no son de una comunidad sino de todos, de todo el cantón, de toda la Provincia. Hay momentos en que el olvido es tan repetitivo por parte de las Autoridades que nace la necesidad de una huelga, de una paralización de carreteras. Y ahí también ha estado la Iglesia, ha acompañado, ha caminado junto. Y ahí ha estado la Iglesia, casi siempre, ayudando a encontrar la solución, el compromiso, intermediando. Monseñor Jesús Esteban ha estado atento para ayudar con su intermediación a encontrar soluciones.

Los derechos humanos y defensa del medio ambiente

Siempre pero en este último tiempo más se ha trabajado a favor de los derechos humanos y en defensa del medio ambiente. El trabajo que se inició 10 años atrás está culminando este año, pues un proyecto ha hecho posible el que los comités de derechos humanos con sus respectivas oficinas de servicio se hayan logrado la personería jurídica. Coca, Sachas, Shushufindi ha constituido sus comités de derechos humanos con personería jurídica. Es una tarea de futuro. Lamentablemente nos toca vivir en un mundo marcado por la corrupción a todos los niveles. Es un caldo de cultivo para que falte el respeto y no se conculquen los derechos de los demás. La sociedad consigue un bien inmenso cuando es capaz de organizarse y defenderse del que no respeta la ley, del arremete de cualquier manera al otro.

Nuestro medio requiere un cuidado especial de conservación del medio ambiente. La irresponsabilidad hace que conculquemos el derecho que todos tenemos a un medio ambiente sano; la irresponsabilidad lleva consigo la destrucción rápida de nuestro hábitat. Lo que ha costado siglo hacerse, nosotros irresponsablemente nos lo podemos destruir en minutos.

Al terminar estos recuerdos de la Iglesia de Aguarico, quiero volver al principio, que la Iglesia de Aguarico tiene una historia de amor y de fe, y que todos los que la hacemos debe seguir construyéndola en esa misma línea.

 

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