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SINODO DE LA AMAZONIA (9 octubre)

Adalberto Jiménez

Hemos iniciado la tercera jornada de trabajos del Sínodo Especial Amazónico. Con las luces del Espíritu Santo hemos iniciado la escucha atenta de las voces de cada participante, que va tomando la palabra en nombre de su respectiva comunidad eclesial.

Todos los temas van apuntando a la evangelización, los indígenas y el cuidado de la casa común en cada región amazónica. Todos van iluminándonos con sus planteamientos, logros y preocupaciones pues todos vivimos circunstancias parecidas.

Hoy se han hecho sentir la representación femenina (asisten 35 mujeres) y la representación de los pueblos originarios (17 indígenas). Han tenido hoy la oportunidad, con toda confianza y libertad, de expresar sus pensamientos y ser voz de sus regiones y situaciones particulares.

Así mismo, hoy hemos escuchado atentamente la intervención de varios representantes de las iglesias evangélicas, luteranas y anglicanas. Éstas han sido invitadas para fortalecer el diálogo interreligioso, como interacción positiva, cooperativa y constructiva. Siempre desde el respeto a las diferencias, desde la inclusión confiable y la escucha que acompañe el camino de una acción evangelizadora encarnada en la defensa de la casa común.

La intervención de las mujeres fue, por supuesto, un momento enriquecedor y muy aplaudido, pues son ellas las que, con responsabilidad y generosa entrega en tantas tareas de la iglesia que peregrina en la Amazonía, van siendo signos del Reinado de Dios en medio de los pobres. Como bellamente lo expuso nuestra hermana Alba, laurita colombiana: "ellas, son la brisa suave que conforta y alienta a tantas mujeres maltratadas y violentadas en este grande territorio. Son ellas las formadoras y servidoras del Evangelio. Ellas enjugan, con sus lágrimas y el bálsamo del consuelo, los pies cansados de tantos migrantes y familias en las periferias. Son ellas la Iglesia en salida, pues no se cruzan de brazos ante la indiferencia de tantos. Son ellas las misioneras de la Buena Nueva pues pasan haciendo el bien y dando esperanza a los que el mundo descarta. Son, en definitiva, las que hacen y promueven hoy esos nuevos caminos que pide la Iglesia Amazónica. Gracias, queridas mujeres comprometidas con el Reino de Dios y su justicia.

La representación indígena hizo un llamado a reconocernos y valorarnos en nuestras diversas culturas. Llamados a una cultura del encuentro en la casa común. Con un horizonte común: la defensa de la vida contra toda violencia y proyecto depredador que atenta contra los pueblos y sus ecosistemas. Promover una pastoral indígena que anime a la ministerialidad laical y la participación en el alumbramiento de una Iglesia sinodal, es decir, misionera, con rostro Amazónico.

En el transcurso de la tarde se incorporó de nuevo el Papa Francisco a los trabajos y reflexiones de la asamblea. Su presencia nos anima y une como miembros de una Iglesia que quiere ser discípula misionera. Nos invita el Papa Francisco a seguir el trabajo desde la plena libertad para aportar nuestros puntos de vista, preocupaciones y sueños.

Nos seguiremos escuchando y armonizando desde los acentos particulares. Mirando a Jesús, misionero del Padre, y confiados en la asistencia del Espíritu Santo, nos despedimos pidiendo la intercesión de nuestra madre la Virgen María.

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